"I believe in the things that I´m afraid to say, ´cause I´ve been where you are before and I´ve felt the pain of losing who you are"

domingo, 23 de noviembre de 2014

Dudas y Errores



De nuevo el mismo error, cometo y cometo el mismo error una y otra, y otra vez. Me pregunto si algún día aprenderé, si algún día el dolor será suficiente para dejarme en el piso, si un día la roca con la que tropecé se erosionará y dejaré de tropezarme con ella. Me pregunto, si esto mismo, alguien lo está pasando. Si hay alguien en su casa, o en la escuela, o en su trabajo, llorando por sus errores, quizás sólo arrepintiéndose  de ellos. Me gustaría saber, si alguien, en algún lugar del mundo está ahora preguntándose si alguien más siente lo que esa persona y si siente que el mundo se le cae encima, y si siente que ya no vale nada.
Me pregunto si está ahora, tratando de averiguar cómo sentirse mejor, si está buscando en algún lugar la respuesta. O si está recordando su mejor día y trata de revivirlo en su memoria, si trata de hacer que aquel sentimiento en el que todo era hermoso regrese, y vuelva a llenarlo.
Decepción tras decepción, y nada. Después nada. La absoluta nada, que está ahí para recordarte que todo está perdido, que ya no hay más camino que correr, que volviste a hacerlo. Y no sabes que es peor. No sabes si decepcionarte de los demás o decepcionarte de ti es lo peor, no sabes si esperar o no esperar es lo peor. Ya no sabes nada, y entonces quieres llorar. Pero llorar enserio. Con lágrimas que marquen el contorno de tu cara y que limpien tus penas, pero no hay lágrimas, no hay nada que enjuague tu alma, no hay nada que te quite la pesadez, no hay nada que te haga creer que cometer errores es lo peor.
Y dudas, dudas de tus errores. Dudas de haberlos cometido tantas veces, dudas de todo, incluso dudas de ti. Y de pronto te preguntas si hay alguien más dudando de sus errores, y caes en cuenta de que eso no importa, de que dudar no servirá de nada, y de que hay más personas dudando, cometiendo el mismo error, repitiéndose que ya no será así y entonces te das cuenta de que formas parte de un todo, donde tu error fue cometido por alguien más y quizás ahora sólo te queda superarlo. Y si lo vuelves a cometer superarlo de nuevo y seguir. Porque sí no sigues no harás nada, ni siquiera cometer el mismo error y volver a dudar.
Puedo volver a empezar y volver a caer, puedo levantarme y lanzarme al vacío, puedo  caminar o detenerme y jamás nada será  suficiente, siempre habrá un  lienzo en blanco que me incitará a equivocarme y siempre lo volveré a hacer. Siempre seguiré dudando de todo y cometiendo el mismo error una y otra y otra vez. Porque después de todo, ese error me gusta.


Ángel de la Luna
Nanci R.G.

lunes, 27 de octubre de 2014

Quisiera

¿Cuándo perdí las ganas de vivir?
No lo sé. Ahora lo único que sé es que me estoy hundiendo, de una forma distinta a las anteriores, de una forma peor, tan extraña que me asusta. Me asusta porque algo dentro de mí me dice que al hundirme no podré salir, esta vez no habrá un camino de salida, esta vez no habrá manera de superarlo, esta vez sería definitivamente.
Quisiera poder regresar a la época en la que las cosas me apasionaban, cuando mirar a una persona me hiciera sentir algo, de igual manera al dejar de verla un sentimiento apareciera. Quisiera poder volver al tiempo cuando las cosas que hacía tuvieran un sentimiento especial. Me asusta y me da miedo ser tan insensible,  me asusta la facilidad tan cruda con la que puedo despedirme de una persona cercana y no sentir absolutamente nada. Y me aterra lo indiferente que soy.
Estoy consciente de que no puedo seguir así, pero ¿qué puedo hacer? ¿cómo encontrar de nuevo una motivación para vivir? Quisiera sentir dolor al despedirme, quisiera sentir amor y felicidad pero no es así, no puedo obligarme a sentir algo por más que trate. No puedo fingir que me importa todo, dicen que sí dices muchas veces una mentira, esta se convierte en realidad, pues espero que sea cierto porque así podría no ser tan indiferente. Quisiera entregar todo de mí otra vez, dar el cien en todo, gozar de la vida, volver a ser como antes.
Quisiera poder confiar de nuevo, quisiera leer un libro y sentir cada sentimiento expresado, quisiera llorar al decir adiós, quisiera sentir la pasión que me embriagaba el alma al pensar en lo qu eme gusta hacer. Quisiera....
Quisiera tener algo a lo que aferrarme.
Quisiera no tener la facilidad de deshacerme de los objetos valiosos, de todos aquellos regalos otorgados por alguien especial. Quisiera poder detenerme un minuto antes de lanzarlos, y cerrar los ojos y sentir de nuevo el recuerdo que estoy a punto de olvidar.
Quisiera no ser tan insensible.
¿cuándo perdí las ganas de vivir? ¿cuándo deje de disfrutar todo? ¿cuándo?
Quizás desde que me perdí, y quisiera volver a encontrarme. 
Quisiera volver a sentir, quisiera tener a alguien, quisiera tenerme a mí. 
¿Cuándo perdí las ganas de vivir? ¿cuándo?
Quisiera fundirme con el viento y bailar alrededor de todo cuanto cause felicidad a los demás, para así poder ser feliz. Quisiera ser libre de nuevo, quisiera encontrar lo perdido, quisiera tener un motivo de vivir.
¿cuándo perdí las ganas de vivir? Estoy consciente de que no puedo seguir así, pero ¿qué puedo hacer? ¿cómo encontrar de nuevo una motivación para vivir? ¿cómo...?
¿cuándo perdí las ganas de vivir? ¿CUÁNDO....?


Las quiero de vuelta...


Nanci. ángel de la Luna

sábado, 18 de octubre de 2014

Pierdo la cordura

Hoy podría tocar las notas más tristes, Podría desgarrar los gritos más penetrantes y podría hundirme.
Hoy es un día burbuja, un día en el que puedo ver al mundo sin involucrarme. Es uno de esos días en los que deambuló por las calles con la vista nublada, y con los pensamientos enredados. Es un momento en el que la realidad me golpea. Es de esos instantes en los que la oscuridad me llama y la soledad se hace presente. Pasé mucho tiempo lejos de ellas, tan lejos que olvide como protegerme. No, no me resisto a ellas, pues no soy lo suficientemente fuerte para ganar, pero si podía evitar tanto dolor. Ahora no, ahora soy vulnerable, siento el abrazo de la soledad y siento una punzada de dolor, que se  clava en toda mi alma y recorre todos los sitios más inhóspitos de mi ser.
No puedo ver con claridad, y no es porque mis ojos estén dañados, simplemente están empapados de lágrimas que no pueden salir, con lágrimas que se suicidan en la garganta y me impiden hablar. Mi mente está tan confundida que me provoca dolor, y lanza un relámpago de emociones que me altera.
Pierdo la cordura, pierdo la poca razón que me queda.
 Recibo un golpe tras otro.
Un golpe de la realidad,  un golpe que me hace caer de mi vuelo, que hace que caiga en caída libre, acelerando cada vez más, yendo cada vez más profundo, un golpe claro, conciso, preciso. Un golpe que me pone en mi sitio, un golpe tan crudo que me hiela la sangre, me paraliza los músculos y agita mi respiración.
Pierdo la cordura, pierdo la poca razón que me queda.
Echo un vistazo al espejo y me asusta lo que veo. Veo a la chica de hace años, la que asustada y triste trataba de salir de su oscuro pozo. Veo  a la niña pequeña que ve las crueldades del mundo, que está perdiendo la fe y la confianza. que día a día se desanima más,
La veo y me asusta, Me asusta saber que soy yo,
Hoy vi una gota derramarse, estallar delante de mí.  Y me asusto, me asusto verme reflejada en esa gota. Me vi cayendo y cayendo, hasta llegar a un punto en el que ya no hay descenso, un punto en dónde lo único que queda es estrellarse y estallar. Derrumbarse en miles de pedazos, en tan pequeños fragmentos que será imposible reparar...
Pierdo la cordura, pierdo la poca razón que me queda.
Huelo el silencio, lloro la ausencia. Me aferro a algo, pero cada vez se desvanece más y más, cada vez ese halo de luz se pierde, y yo me quedo vacía y sola. 
Desearía no sentirme sola, desearía no sentirme tan miserablemente sola.
Pierdo la cordura, pierdo la poca razón que me queda.
Recibo otro golpe, otra lágrima se suicida y más notas tristes salen de mí. Quizá, si me uno a la oscuridad, quizás si estallo en miles de fragmentos, quizás así, tal vez tocando cada vez más triste, quizás, logré no sentirme tan sola...

Nanci, ángel de la Luna.

lunes, 14 de julio de 2014

Dejar de correr




Corrí durante mucho tiempo, corrí larga y vagamente durante la noche, el día y la penumbra. No miraba atrás, quería quemar toda esa ola de sentimientos que me abatía el alma, quería que el fuego que ardía en mi garganta esfumara todo mi pesar…

Y entonces me di cuenta de que ya no tenía por qué correr. Me detuve en seco, tratando de meditar aquel pensamiento que inundo mi mente “ya no hay porque correr” ¿por qué? No lo sé, simplemente ese sentimiento llegó a mí. Llegó, como llega el atardecer después de un día de trabajo, llegó como llega el consuelo al que llora por haber perdido, llegó como llega el silencio para calmar las palabras. Llegó sin invitación, pero sin ser rechazado. Llegó en hora buena, llegó para decirme que debía dejar de correr.

Y sin más, me detuve. Me quede en la mitad de algún lugar mirando a todos lados, tratando, inútilmente,  de encontrar algún indicio de que hacer después. Comencé a llorar en silencio, pero este llanto no ira igual a los anteriores, era una combinación de alegría y alivio, y con lágrimas resbalando sobre mis mejillas, una enorme sonrisa autentica y pura se dibujaba en mi rostro.

Estaba a mitad de la nada, en una noche oscura y era como si la luna regresara a ser mi vieja amiga y me lanzaba sus rayos llenos de luz plateada, una luz que me dejaba sentir una calidez, ya familiar.

Y entonces lo comprendí; no tenía que seguir corriendo, porque aunque lo hiciera ya me había alcanzado. Ya me había dejado consumir por la ira, la rabia y el rencor. Mi alma se había segregado en trocitos llenos de culpabilidad y rencor, trocitos que se me estaban pudriendo dentro de mí. Y me di cuenta, también, de que ya había quemado todos aquellos sentimientos, ya no sentía más el ardor de esa combinación, ya no sentía nada más que un alivio ensordecedor. Un alivio tan grande que se dejaba ver sobre mi cuerpo; era una enorme sonrisa.

Y mire a mi reflejo en el agua clara, el reflejo que jamás creí tener, ahí estaba, mostrándome la claridad que tanto deseaba, pues ya estaba completa, ya no necesitaba nada. Sólo tenía que seguir con todo lo aprendido, las heridas que me había causado, serían un recordatorio, las cicatrices serían huellas de que lo intente, y aunque fracase todo salió como debió salir.  Y entonces decidí disfrutar de todo lo que la vida ofrece, y dejar de correr.


Nänci, Ángel de la Luna




martes, 8 de julio de 2014

Una verdad ahogada




Entre llantos y sollozos rogaba por alguien. Deseaba a alguien que se mantuviera a mi lado sin importar que. Fabriqué mi propia versión de un cuento de hadas, mantuve cautivo mi deseo,  rogando que un día se hiciera realidad. Pero el tiempo ha pasado y aún, hoy, sigo aquí ocultando lo que en verdad deseo decir.  Borro y rescribo cada palabra que pasa por mi mente, y después se ahoga entre tanta histeria.
El reloj no deja de avanzar  y el sonido de notas que cambian de tono, una y otra vez, no hacen más que aumentar mi locura. La cordura abandona cada parte de mi ser y, deja  detrás de sí un rastro tormentoso que me recuerda lo que nunca podrá ser. Lo sé, estoy escribiendo cosas sin sentido ni razón, estoy pérdida mirando a la nada, esperando a que algo se materialice y ni siquiera sé que espero, sólo estoy deseosa de saberlo y siento que cada vez se acerca  y se aleja.
Es una tortura total, es demasiado para mí. No puedo seguir así, no tengo amigos para hablar, no tengo con que distraerme. Sólo me queda esta insistente tortura de hacerme saber que lo tengo y se va. De que, muy probablemente, jamás lo alcanzaré y si llego a alcanzarlo jamás podré poseerlo. Deseo gritarlo y acabar con esto de una vez, mandar todo al infierno o perder esta inquietud e ir por el. Ir por todo, tan lejos como sea posible y necesario. Dar cada parte de mi destrozada alma y entregar todo lo que queda de mi marchito corazón.
Y sigo aquí, tomándome hasta el último sorbo de un agua que se agita sin razón ¿o será  acaso que veo proyectada mi alma? Quizás más que mi alma, mi mente está enroscada en un torbellino de pensamientos que no hacen sino matarme lentamente, que no me dejan dormir ni pensar, que hacen que cada latido de mi corazón se más rápido que el anterior, que lancé palabras sin saber su significado sin darme cuenta, si quiera, de si tienen alguna lógica. Y también, al mismo tiempo, decirme que todo está como debería estar, sin más ni menos, que tengo todo lo que merezco, por moverme entre una saña de verdades ahogadas, que ahora están ahogándome, haciéndome pagar por haberlas callado durante tanto tiempo. Que tengo exactamente lo que cultive, que estoy perdiendo todo lo que oculte, que las partes que eran buenas y auténticas se cansaron de ser mostradas como falsas y malas. Que  todo esto no es más que le precio que debo pagar ¿por qué? Ni siquiera yo lo sé, pero sé que es lo que debo pagar.  Debo pagar este nerviosismo que me altera a cada minuto, debo pagar con este dolor que no deja a mi cráneo en paz, debo pagar con el insomnio de mis sueños, y aun peor con el silencio que no quiero romper y aun así esta como una tortura que no para de repetirme una y otra vez, que debo estar aquí, en silencio, escuchando todos mis pensamientos. 

Nänci, Ángel de la Luna

domingo, 1 de junio de 2014

Café



Estando aquí sentada, en medio de la oscuridad sintiendo la interrupción de mí silencio por notas musicales que suben y bajan de tono, pienso en ti. O quizás sea mejor decir que te recuerdo.

Tiene tanto tiempo que no te veo, que he decidido tomar café en tu honor, tomar sorbo a sorbo ese líquido caliente que me quema el estómago, que me arde en la garganta y que me desagrada un poco.  Y aun así lo tomo, hasta la última gota. Lo tomo por que tus ojos son de ese color, tan oscuro que tu iris casi se fusiona con la pupila. Tomar café es como tomar  lo que hay en tus ojos, ese brillo de tristeza alegre que, combina con tu sonrisa. El recuerdo de algo lejano que no puedes olvidar, y el destello de desesperanza. Todo junto formando un torbellino de emociones, como el café después de ser agitado. Y al igual que el café lanzas vapores, vapores de felicidad, tan pasajera y ligera que es casi notable.

Podría describirte sólo con esa palabra “café” aunque, claro, esa palabra encierra muchas cosas. Encierra los traumas de tu niñez, encierra tus sueños del futuro, tus logros del presente, los pesares del pasado, y las almas de todos aquellos que un día compartieron contigo el mismo camino.

El café se agota, el humo ya no fluye más y la taza cada vez está más vacía. Te miro al fondo, te observo mirándome con esa misteriosa mirada, la combinación entre ansiedad, dolor, felicidad y angustia. De esas que me lanzas, cuando crees que has hecho algo que me duele, de esas que dicen “por favor, no me dejes” de esas, que sólo yo puedo ver, de esas que deseo no compartir con nadie, de esas que quizás imagino.

Desearía abrazarte, desearía verte, respirarte y soñarte. Pero ya no puedo hacerlo más, lo único que puedo es tomarte, beberte hasta que no quede más de ti ni de mí, quemarme la garganta con el café que amarga las palabras que jamás pude decirte, nublarme los paisajes que jamás veré a tu lado con el humo que emana, y al final, cuando se acabe, sólo podré ver esos ojos, ojos con la mirada que pide no ser abandonada, que pide una salvación y sólo podré imaginarme un abrazo tuyo, con el que todo tu ser se aferre a lo que algún día llego a ser mi debilidad.

El café se agota, así como mi deseo de verte una vez más. Levanto la taza y le doy el último sorbo, y te doy a ti el último recuerdo. 

Nanci, Ángel de la Luna.

martes, 15 de abril de 2014

Aún te lloro



Recuerdo el día que te dije adiós. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Me rompías el corazón palabra a palabra, y mi mente sólo pensaba en que sería de mi vida sin ti. Tú seguías hablando y mi mente recordando todos los momentos felices, quería interrumpirte y decirte que callaras, que nada importaba que yo te amaba con todo mi alma, que escucharte decir eso hacía que mi corazón dejará de latir y que podía sentir la muerte. Una muerte tan lenta y dolorosa que aún no acaba. Todo lo que dijiste finalizo con un suspiro, ¿Lo recuerdas? Yo trataba de no llorar, sentía un profundo nudo en la garganta, sentía como mis manos se caían hacia los lados y todo el mundo se venía abajo. Y aun así me mirabas con esos ojos negros, me mirabas fijamente, sabía que no debía llorar, que no debía decir ya nada, tenía que aceptar que todo había finalizado. Y fingí, fingí que estaba de acuerdo con todo aquello que dijiste, que ya no me importabas más, que todo estaría bien, que lograría sobrevivir sin ti. ¿Sabes algo? No lo he logrado, sigo gritando tu nombre en mis silencios, sigo deseando tu compañía en mi soledad y sigo tragándome las lágrimas que no derramé.
Te vi, ahí parado despidiéndote de mí. Sentí como se me iba la vida, sabía que sería la última vez que pudiera verte, quería ir hacia ti y abrazarte, pegarme contra ti y sentir el calor de tu cuerpo, percibir el olor de tu ser y poder escuchar tu voz, >>aunque sea una última vez<< me dije, pero sabía que de haberlo hecho jamás te hubiera soltado, hubiera deseado más y más estar junto a ti. Ya no era posible, querías irte, querías dejarme y lo único que podía hacer por ti, era aceptarlo. Aceptar que tu felicidad no estaba a mi lado, que quizás nunca lo estuvo, que quizás era lo único bueno que podía hacer por ti, aceptar tu decisión y dejarte ir. Y lo hice, te fuiste y yo me quede con un nudo en la garganta, con lágrimas en los ojos y con un vacío en el pecho. Tú eras toda mi vida, la única persona capaz de hacerme realmente feliz, de hacerme sentir protegida cada vez que me abrazabas, el único que me hacía sonreír al verlo. Sólo tú y nadie más.
Hoy, mucho tiempo después, sigo llamándote, sigo gritando tu nombre, sigo viendo tus ojos en las estrellas, sigues siendo tú. Sigo anhelando volver a verte, abrazarte. Siento tu olor en todos lados pero en ninguno estas. Y ahora, estoy aquí, escribiendo de nuevo en tu nombre, a pesar de haber prometido no hacerlo nunca más, de haberme dicho que tu felicidad tenía que ser suficiente, que verte libre y contento seria lo que me mantendría al margen de ti, lo estoy logrando, pero a cada paso lejos de ti la muerte se hace más lenta. ¿Por qué no viene por mí? ¿Por qué debo estar sin ti? Quizás es el pago por todos mis pecados. Que doloroso se ha vuelto el tiempo, que triste se ha vuelto mi vida y que vacío se ha vuelto mi corazón. Cuando te fuiste te llevaste todo de mí, espero que no te moleste. Aún lloro por ti, y lloro en silencio....

Nänci, ángel de la luna,

sábado, 1 de marzo de 2014

Una noche más



Levanto la tasa de café que tengo a mi lado derecho, y cuando doy el primer sorbo esta amargo y caliente, exactamente como lo detestó. Sostengo la agarradera y mi mirada se pierde. Recuerdo tus ojos y tu voz, el timbre exacto que tenía cuando pronunciabas mi nombre, llega a mi memoria la suavidad de tu cabello y el calor de tu piel, que emanaba tan natural como la lava de un volcán. Recuerdo la sensación de mi espalda sobre el pasto verde y húmedo, cuando tu cuerpo estaba sobre el mío. Puedo sentir la suavidad de tus labios y la fluidez de tus besos y entonces, vuelvo a sentir la pasión y el cariño que me recorrían el cuerpo y el alma cada vez que me besabas.
Un suspiro de aire helado me trae a la realidad, dejo la tasa a un lado y absorbo el cigarrillo. Expulso el humo que cruelmente danza frente a mí, y es así como tu recuerdo regresa. Veo tus ojos color café, la bufanda roja que cubría tu cuello y ahí está de nuevo; el deseo de volver a tocar tu piel, de volver a sentirla bajo mis manos y bajo mis labios, de sentir tu cuerpo contra el mío y volver a dormir en tus brazos.
Mi corazón se detiene, y mi respiración se agota, me envuelvo en un frenesí de enojo, ¡Te he perdido! O quizá nunca te tuve y eso me enfurece, di tanto, te di todo lo que tenía, y todo lo que fui, pero quizá no era el momento, quizá si eras tú, pero no era el tiempo ni lugar adecuado, quizá fue prematuro.
Y ahora estoy aquí, bebiéndote a sordos, deseando alcoholizar mis emociones, y tratando de borrarte de mi memoria, trato y trato pero a cada paso que doy estoy  pensándote, deseando correr a tus brazos y refugiarme como siempre lo hacía, volver a tu pecho y respirar tu olor, mi dulce droga.
Una noche más sin poder dormir, mirándote desde lejos y dándome cuenta de que ya no eres para mí y que a pesar de eso sigues siento parte de mi vida. Sólo deseo dormir entre tus brazos una noche más. Volver a tocar tu piel y sentir esa extraña sensación en el pecho que me recorría cada vez que me abrazabas, sólo una noche más quisiera reemplazar la amargura del café y el olor del humo por la calidez de tus brazos y la dulzura de tus besos. 


Dame una noche más para volver a perderme en ti y recuperar lo que siempre amé… 

Nanci (Ángel de la luna, zombie lunar)