Entre llantos y sollozos
rogaba por alguien. Deseaba a alguien que se mantuviera a mi lado sin importar
que. Fabriqué mi propia versión de un cuento de hadas, mantuve cautivo mi deseo, rogando que un día se hiciera realidad. Pero el
tiempo ha pasado y aún, hoy, sigo aquí ocultando lo que en verdad deseo decir. Borro y rescribo cada palabra que pasa por mi
mente, y después se ahoga entre tanta histeria.
El reloj no deja de
avanzar y el sonido de notas que cambian
de tono, una y otra vez, no hacen más que aumentar mi locura. La cordura
abandona cada parte de mi ser y, deja detrás
de sí un rastro tormentoso que me recuerda lo que nunca podrá ser. Lo sé, estoy
escribiendo cosas sin sentido ni razón, estoy pérdida mirando a la nada,
esperando a que algo se materialice y ni siquiera sé que espero, sólo estoy
deseosa de saberlo y siento que cada vez se acerca y se aleja.
Es una tortura total, es
demasiado para mí. No puedo seguir así, no tengo amigos para hablar, no tengo
con que distraerme. Sólo me queda esta insistente tortura de hacerme saber que
lo tengo y se va. De que, muy probablemente, jamás lo alcanzaré y si llego a
alcanzarlo jamás podré poseerlo. Deseo gritarlo y acabar con esto de una vez,
mandar todo al infierno o perder esta inquietud e ir por el. Ir por todo, tan
lejos como sea posible y necesario. Dar cada parte de mi destrozada alma y
entregar todo lo que queda de mi marchito corazón.
Y sigo aquí, tomándome hasta
el último sorbo de un agua que se agita sin razón ¿o será acaso que veo proyectada mi alma? Quizás más que
mi alma, mi mente está enroscada en un torbellino de pensamientos que no hacen
sino matarme lentamente, que no me dejan dormir ni pensar, que hacen que cada
latido de mi corazón se más rápido que el anterior, que lancé palabras sin
saber su significado sin darme cuenta, si quiera, de si tienen alguna lógica. Y
también, al mismo tiempo, decirme que todo está como debería estar, sin más ni
menos, que tengo todo lo que merezco, por moverme entre una saña de verdades
ahogadas, que ahora están ahogándome, haciéndome pagar por haberlas callado durante
tanto tiempo. Que tengo exactamente lo que cultive, que estoy perdiendo todo lo
que oculte, que las partes que eran buenas y auténticas se cansaron de ser
mostradas como falsas y malas. Que todo
esto no es más que le precio que debo pagar ¿por qué? Ni siquiera yo lo sé,
pero sé que es lo que debo pagar. Debo pagar
este nerviosismo que me altera a cada minuto, debo pagar con este dolor que no
deja a mi cráneo en paz, debo pagar con el insomnio de mis sueños, y aun peor
con el silencio que no quiero romper y aun así esta como una tortura que no
para de repetirme una y otra vez, que debo estar aquí, en silencio, escuchando
todos mis pensamientos.
Nänci, Ángel de la Luna
No hay comentarios:
Publicar un comentario