En ocasiones me encuentro más sóla que nunca. Estoy encerrada en cuatro paredes que forman mi habitación, mi mente se píerde y no sé a dónde va, y cuándo recobró la conciencia me encuentró llorando, aferrada a mis piernas, sentada en el suelo, sin saber el motivo de mi llanto y entre sollozos un grito agudo se escapa de mi boca y se escucha tu nombre, resonando por las paredes.
Pareces un sueño lejano, tan lejano que me cuesta trabajo distinguir sí en verdad es realidad, o sólo una historia de mi mente, como las que suelo escribir. Aquellas historias de amor que con tanta pasión escribo imaginandome ahí, con alguien que me hace féliz.
Pero, ¿Féliz? Es una palabra que ya no existe en mí, en ocasiones no dejó de recordarte, de imaginarte, pero no sé si fuiste real, si de verdad estuviste a mi lado, si de verdad te conocí, si realmente te sentí. Quizá sea sólo un sueño, un sueño tan real que se confunde con realidad, como si en ocasiones tu rostro estuviese borroso y tu voz distante, como si no pudiera saber si estoy despierta o dormida.
Te has convertido, en un recuerdo lejano, como aquellas memorias que una persona madura tiene de su niñez, aquellos recuerdos que no saben si fuerón un sueño o sí de verdad las vivierón. No hay testigos que confirmen tu existencia, no hay rastros de tus besos en mis labios, no hay huellas de tus caricias en mi cuerpo, y no hay un aroma de tu cuerpo al que pueda aferrarme.
Sin embargo, hay momentos en los que un dulce sabor invadé mi boca, una cálidez se extiende por mi cuerpo y el viento que me roza porta tu olor. En ese instante mi mente viaja al pasado, y mi cuerpo queda sostenido en la ligera línea de la cordura y la locura, luchando por saber si es real o no. Mis brazos tratan de encontrar tu espalda para abrazarla, mientras que mis ojos se mueven por todo el lugar tratando de verte.
Nunca lo consigó, jamás estas ahí. Entre lágrimas y susurros, apareces a mi lado, tu mano toca mi hombro y me dices >>Todo ésta bién, estoy aquí contigo<< pero cuándo volteo, no hay nadie. Sólo ésta la oscuridad que me rodea, que me protege. Esta justo dónde tu deberías de estar. Extendiendome sus brazos para consolarme y yo, me dejo atrapar.
Las horas trancurren lentas, como sí quisieran martirisarme. El tic tac del reloj, se sincroniza con mis lágrimas, que por mas que traté de contener siempre salen. Es de noche y la tristeza me invadé, me toma por completo, y yo, yo no tengo la fuerza para oponerme. No hay nadie a mi lado que pueda rescatarme, y yo, sinceramente, no quiero rescatarme. No aún, aún mi corazón se aferrá a algo que no sabe si es real o no.
Trató de no llorar, trató de distraerme, de reír, pero no puedo. Mis risas son falsas, mi sonrisa vacía y mis palabras sin sentido. No estoy en mí, no sé que sucede a mi alrededor. Voy caminando por la calle, cuándo de pronto me encuentró tropezando, y una vez más camino sin sentido. Mis pasos son torpes y débiles. Y mi vista se aferra a un punto invisible, que cambia continuamente junto con el camino.
Al irte, me estas llevando contigo. Mi mente te ha convertido en un recuerdo lejano, y mi corazón en un personaje de cuento, en el sentimiento que queda trás haber leído un libro fascinante. Un libro que se empeño a leer, una trás otra vez, y ahora sólo pone a prueba su capacidad de leerlo sin verlo, cada lectura es un palabra pérdida, un sentimiento olvidado y un vacío más agudo. El vacío de las hojas que se quedan en blanco.
Y junto a ti, yo me convierto en un recuerdo lejano.
-Saku-
(Nanci R.G)