Recuerdo
el día que te dije adiós. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Me rompías el
corazón palabra a palabra, y mi mente sólo pensaba en que sería de mi vida sin
ti. Tú seguías hablando y mi mente recordando todos los momentos felices,
quería interrumpirte y decirte que callaras, que nada importaba que yo te amaba
con todo mi alma, que escucharte decir eso hacía que mi corazón dejará de latir y que podía sentir la muerte. Una muerte tan
lenta y dolorosa que aún no acaba. Todo lo que dijiste finalizo con un suspiro,
¿Lo recuerdas? Yo trataba de no llorar, sentía un profundo nudo en la garganta,
sentía como mis manos se caían hacia los lados y todo el mundo se venía abajo.
Y aun así me mirabas con esos ojos negros, me mirabas fijamente, sabía que no
debía llorar, que no debía decir ya nada, tenía que aceptar que todo había
finalizado. Y fingí, fingí que estaba de acuerdo con todo aquello que dijiste,
que ya no me importabas más, que todo estaría bien, que lograría sobrevivir sin
ti. ¿Sabes algo? No lo he logrado, sigo gritando tu nombre en mis silencios,
sigo deseando tu compañía en mi soledad y sigo tragándome las lágrimas que no
derramé.
Te
vi, ahí parado despidiéndote de mí. Sentí como se me iba la vida, sabía que
sería la última vez que pudiera verte, quería ir hacia ti y abrazarte, pegarme
contra ti y sentir el calor de tu cuerpo, percibir el olor de tu ser y poder
escuchar tu voz, >>aunque sea una última vez<< me dije, pero sabía
que de haberlo hecho jamás te hubiera soltado, hubiera deseado más y más estar
junto a ti. Ya no era posible, querías irte, querías dejarme y lo único que
podía hacer por ti, era aceptarlo. Aceptar que tu felicidad no estaba a mi
lado, que quizás nunca lo estuvo, que quizás era lo único bueno que podía hacer
por ti, aceptar tu decisión y dejarte ir. Y lo hice, te fuiste y yo me quede
con un nudo en la garganta, con lágrimas en los ojos y con un vacío en el
pecho. Tú eras toda mi vida, la única persona capaz de hacerme realmente feliz,
de hacerme sentir protegida cada vez que me abrazabas, el único que me hacía
sonreír al verlo. Sólo tú y nadie más.
Hoy, mucho tiempo después, sigo llamándote, sigo gritando tu nombre, sigo viendo tus ojos en las estrellas, sigues siendo tú. Sigo anhelando volver a verte, abrazarte. Siento tu olor en todos lados pero en ninguno estas. Y ahora, estoy aquí, escribiendo de nuevo en tu nombre, a pesar de haber prometido no hacerlo nunca más, de haberme dicho que tu felicidad tenía que ser suficiente, que verte libre y contento seria lo que me mantendría al margen de ti, lo estoy logrando, pero a cada paso lejos de ti la muerte se hace más lenta. ¿Por qué no viene por mí? ¿Por qué debo estar sin ti? Quizás es el pago por todos mis pecados. Que doloroso se ha vuelto el tiempo, que triste se ha vuelto mi vida y que vacío se ha vuelto mi corazón. Cuando te fuiste te llevaste todo de mí, espero que no te moleste. Aún lloro por ti, y lloro en silencio....
Hoy, mucho tiempo después, sigo llamándote, sigo gritando tu nombre, sigo viendo tus ojos en las estrellas, sigues siendo tú. Sigo anhelando volver a verte, abrazarte. Siento tu olor en todos lados pero en ninguno estas. Y ahora, estoy aquí, escribiendo de nuevo en tu nombre, a pesar de haber prometido no hacerlo nunca más, de haberme dicho que tu felicidad tenía que ser suficiente, que verte libre y contento seria lo que me mantendría al margen de ti, lo estoy logrando, pero a cada paso lejos de ti la muerte se hace más lenta. ¿Por qué no viene por mí? ¿Por qué debo estar sin ti? Quizás es el pago por todos mis pecados. Que doloroso se ha vuelto el tiempo, que triste se ha vuelto mi vida y que vacío se ha vuelto mi corazón. Cuando te fuiste te llevaste todo de mí, espero que no te moleste. Aún lloro por ti, y lloro en silencio....
Nänci, ángel de la luna,