"I believe in the things that I´m afraid to say, ´cause I´ve been where you are before and I´ve felt the pain of losing who you are"

lunes, 14 de julio de 2014

Dejar de correr




Corrí durante mucho tiempo, corrí larga y vagamente durante la noche, el día y la penumbra. No miraba atrás, quería quemar toda esa ola de sentimientos que me abatía el alma, quería que el fuego que ardía en mi garganta esfumara todo mi pesar…

Y entonces me di cuenta de que ya no tenía por qué correr. Me detuve en seco, tratando de meditar aquel pensamiento que inundo mi mente “ya no hay porque correr” ¿por qué? No lo sé, simplemente ese sentimiento llegó a mí. Llegó, como llega el atardecer después de un día de trabajo, llegó como llega el consuelo al que llora por haber perdido, llegó como llega el silencio para calmar las palabras. Llegó sin invitación, pero sin ser rechazado. Llegó en hora buena, llegó para decirme que debía dejar de correr.

Y sin más, me detuve. Me quede en la mitad de algún lugar mirando a todos lados, tratando, inútilmente,  de encontrar algún indicio de que hacer después. Comencé a llorar en silencio, pero este llanto no ira igual a los anteriores, era una combinación de alegría y alivio, y con lágrimas resbalando sobre mis mejillas, una enorme sonrisa autentica y pura se dibujaba en mi rostro.

Estaba a mitad de la nada, en una noche oscura y era como si la luna regresara a ser mi vieja amiga y me lanzaba sus rayos llenos de luz plateada, una luz que me dejaba sentir una calidez, ya familiar.

Y entonces lo comprendí; no tenía que seguir corriendo, porque aunque lo hiciera ya me había alcanzado. Ya me había dejado consumir por la ira, la rabia y el rencor. Mi alma se había segregado en trocitos llenos de culpabilidad y rencor, trocitos que se me estaban pudriendo dentro de mí. Y me di cuenta, también, de que ya había quemado todos aquellos sentimientos, ya no sentía más el ardor de esa combinación, ya no sentía nada más que un alivio ensordecedor. Un alivio tan grande que se dejaba ver sobre mi cuerpo; era una enorme sonrisa.

Y mire a mi reflejo en el agua clara, el reflejo que jamás creí tener, ahí estaba, mostrándome la claridad que tanto deseaba, pues ya estaba completa, ya no necesitaba nada. Sólo tenía que seguir con todo lo aprendido, las heridas que me había causado, serían un recordatorio, las cicatrices serían huellas de que lo intente, y aunque fracase todo salió como debió salir.  Y entonces decidí disfrutar de todo lo que la vida ofrece, y dejar de correr.


Nänci, Ángel de la Luna




martes, 8 de julio de 2014

Una verdad ahogada




Entre llantos y sollozos rogaba por alguien. Deseaba a alguien que se mantuviera a mi lado sin importar que. Fabriqué mi propia versión de un cuento de hadas, mantuve cautivo mi deseo,  rogando que un día se hiciera realidad. Pero el tiempo ha pasado y aún, hoy, sigo aquí ocultando lo que en verdad deseo decir.  Borro y rescribo cada palabra que pasa por mi mente, y después se ahoga entre tanta histeria.
El reloj no deja de avanzar  y el sonido de notas que cambian de tono, una y otra vez, no hacen más que aumentar mi locura. La cordura abandona cada parte de mi ser y, deja  detrás de sí un rastro tormentoso que me recuerda lo que nunca podrá ser. Lo sé, estoy escribiendo cosas sin sentido ni razón, estoy pérdida mirando a la nada, esperando a que algo se materialice y ni siquiera sé que espero, sólo estoy deseosa de saberlo y siento que cada vez se acerca  y se aleja.
Es una tortura total, es demasiado para mí. No puedo seguir así, no tengo amigos para hablar, no tengo con que distraerme. Sólo me queda esta insistente tortura de hacerme saber que lo tengo y se va. De que, muy probablemente, jamás lo alcanzaré y si llego a alcanzarlo jamás podré poseerlo. Deseo gritarlo y acabar con esto de una vez, mandar todo al infierno o perder esta inquietud e ir por el. Ir por todo, tan lejos como sea posible y necesario. Dar cada parte de mi destrozada alma y entregar todo lo que queda de mi marchito corazón.
Y sigo aquí, tomándome hasta el último sorbo de un agua que se agita sin razón ¿o será  acaso que veo proyectada mi alma? Quizás más que mi alma, mi mente está enroscada en un torbellino de pensamientos que no hacen sino matarme lentamente, que no me dejan dormir ni pensar, que hacen que cada latido de mi corazón se más rápido que el anterior, que lancé palabras sin saber su significado sin darme cuenta, si quiera, de si tienen alguna lógica. Y también, al mismo tiempo, decirme que todo está como debería estar, sin más ni menos, que tengo todo lo que merezco, por moverme entre una saña de verdades ahogadas, que ahora están ahogándome, haciéndome pagar por haberlas callado durante tanto tiempo. Que tengo exactamente lo que cultive, que estoy perdiendo todo lo que oculte, que las partes que eran buenas y auténticas se cansaron de ser mostradas como falsas y malas. Que  todo esto no es más que le precio que debo pagar ¿por qué? Ni siquiera yo lo sé, pero sé que es lo que debo pagar.  Debo pagar este nerviosismo que me altera a cada minuto, debo pagar con este dolor que no deja a mi cráneo en paz, debo pagar con el insomnio de mis sueños, y aun peor con el silencio que no quiero romper y aun así esta como una tortura que no para de repetirme una y otra vez, que debo estar aquí, en silencio, escuchando todos mis pensamientos. 

Nänci, Ángel de la Luna