Y de
nuevo estoy aquí, escribiéndole a la nada, sintiéndome lo peor y lo más
insignificante que hay en el mundo, si quizás alguien notara mi presencia tendría
que hacerlo observando con un microscopio.
Soy así,
esa clase de personas que entregan todo sin recibir nada a cambio, y en
silencio guardan los dolores, y queman las lágrimas. Aquella niña que cada vez
que confía en alguien, es traicionada. Sin embargo vuelve a confiar y vuelve a
ser engañada.
No
importa eso ahora, estoy aquí en silencio conteniendo con mayor dificultad, al
pasar de los días, las lágrimas de cientos de días, de años. Hubo un tiempo en
que un rayo de luz se asomó por la oscuridad que había en mí pero como es usual,
escapo. Podía ver su ráfaga lejana, creía que eso sería suficiente para
alumbrarme, no lo fue.
Regreso
a ser lo que era antes, el ángel de alas cerradas, incapaz de volar. El zombi que
camina bajo la luna, hablando de recuerdos pasados, de la vez que tuvo vida. El
gatito que corrió a un lugar llamado soledad. Aquí estoy yo, en la penumbra que
guía cada uno de mis pasos, que acelera mi corazón cada vez que me acerco, el relámpago
azul del hielo que me enfría un poco más. Todo se hunde, todo se apaga. La vida
se apaga en vida, a veces no llega la muerte, a veces simplemente el ángel no
puede volar, se queda tirado en el suelo rogando a que la muerte se lo lleve,
pero no pasa. Se queda tantos días sin comer y sin volar que su vida se apaga. La
luz que debería brillar en su interior brilla con una oscuridad que consume
todo. La pasión que debería correr por sus venas, descansa. Así estoy yo, soy
el ángel que lo da todo, y no recibe nada. El ángel que se queda encadenado
rogando por amor y no recibe más que lágrimas y dolor. Trate y trate, siempre
trate pero no lo logre, falle y me quede ahí en el suelo, tumbada por las alas
guardadas, esperando que algún día llegara y no llego, nada llego. Soy incapaz
de llorar, a pesar de sentir la punzada constante de dolor. Dolor que me
recuerda que el corazón sigue latiendo, que sigo “viva”. Incapaz, también, de
dormir, cada vez que cierro los ojos no veo nada, nadie que aparezca alumbrando
con sus ojos, y cuando sueño, todos se van y me dejan. Aquellos que en algún
tiempo fueron importantes y hoy, hoy no son nada. Nada importa ya, ya no hay
objetivo, ya no hay metas, ya ni siquiera está el objetivo de vivir o morir,
simplemente soy un ángel con alas cansadas, con alas incapaces de volar, con
pasión incapaz de soñar. Me canse, lo acepto, me canse de darlo todo, de tratar
y tratar y ser pateada en el estómago cada vez que me acercaba. Regreso a ser
lo que era antes, a ser él ángel de las alas cansadas.
Nanci, zombie lunar (Ángel de la luna)