Siento un nudo en la
garganta, siento como se detiene ahí y no avanza, no sube ni baja, simplemente
se mantiene. Tengo las manos frías, es invierno y el invierno trae el frío de algún
otro lugar del mundo, de alguna otra parte, quizá, el frío de otros corazones.
Y estoy aquí sentada,
desahogando mi alma de la única manera que conozco; escribiendo. Mis lágrimas
no quieren salir, no quieren fluir, y es lógico tantos años conteniéndolas, reprimiéndolas,
fingiendo no llorar, ahora no quieren salir.
Mis lágrimas quieren
suicidarse, quieren dejar de existir, y yo sólo quiero llorar. Una lágrima se
suicida cuando se ahoga así misma, cuando se seca sin salir y cuando pierde
todo sentimiento antes de aflorar. Tengo lágrimas suicidadas, se ahogaron por
no poder salir, porque mi garganta contuvo las palabras que las acompañarían.
Me asfixie de tantas letras
sin desbordar, de tantos pensamientos sin expresarse y de tantos sentimientos
que no mostré. Ahora estoy aquí, tratando de llorar, deseando ser libre como el
viento, poder flotar en su compañía hacia las personas que quise, de poder
rozarles la piel y sentirlas de nuevo.
¿Lo sentirán? ¿Sentir el
calor de mi frío cuerpo al roce del viento? Y si lanzo un deseo al aire ¿Lo tomaran? ¿Me
recordaran? ¿Podrán sentir el olor de mi ser? ¿Me reconocerían? No lo sé, pero
cada vez que una ráfaga de viento roza mi cuerpo, y eleva mi cabello
desaliñado, puedo sentirlos, percibo su olor, su esencia y su calor, los
recuerdo, los pienso, los imagino y los
añoro. Les mando un deseo al aire, les mando felicidad, les mando lo poco de mí
que aún me queda. Les doy todo lo que no pude darles, les doy mi poca calidez,
y deseo que sean felices, que no tengan ganas de llorar como yo sin poder
hacerlo. Les deseo que lloren cuando quieran, que griten hasta quedarse sin
voz. Yo sólo grito en mis pensamientos y lloro en mis adentros, sigo tragándome
palabras y acciones, sigo desmoronándome por dentro, pero poco a poco la
armadura que me forje con lágrimas congeladas y rencores fundidos, se está
destrozando, poco a poco deja ver pequeños trocitos de luz, trocitos de mi
alma.
Mis ojos se opacan más y
más, quizá cuando estén completamente oscuros, recuperen un poco de brillo. Quizá
un día pueda gritar y llorar todo lo que no he podido, porque ahora estoy aquí sentada
en la oscuridad llorando palabras, palabras que caen gotita a gotita sobre el
papel, y marcan con su fluir un montón de sentimientos ocultos, un montón de
sueños perdidos y de lágrimas suicidas. Porque yo, sólo quería llorar.
Nanci, Angel de la luna.
Zombie lunar