A veces sucede que te
encuentras pensando en lo que has hecho y en lo que has sido, pero resulta ser
que no llegas a nada. Que no importa cuánto te esfuerces que seguirás caído si
no dejas de lastimarte. Que aunque pase el tiempo y la vida siga te sentirás
solo y perdido.
Pero hay veces, en las que
una mirada lo cambia todo. Hay ocasiones en las que una simple palabra puede
hacerte feliz o hacer que llores sin previo aviso. Tenemos que exponernos, dar
todo de nosotros. Si, terminaremos lastimados con el alma destrozada y el corazón herido, pero sólo entonces nos
daremos cuenta de que hemos dado lo mejor. Quizá dimos lo mejor a quien nos dio
lo peor, pero eso no importa, nada de eso debe importar porque tenemos la garantía
de que dimos todo nuestro ser, de que nos esforzamos tanto para llegar lejos,
tan lejos como se puede, que incluso superamos nuestras barreras.
Estamos atados por límites
que nos imponen e incluso, que nosotros mismo nos ponemos. Hay que quitarnos
las ataduras y animarnos a salir, romper el caparazón que nos aprisiona,
liberarnos de tantos miedos que paralizan nuestra alma y mente. Somos un
conjunto de miedos, decepciones y dolor. Somos la suma de historias que hemos
vivido y que hemos imaginado. Somos nuestras batallas, ganadas o perdidas,
somos las palabras de consuelo de nuestros amigos y somos, también, los
insultos de nuestros enemigos. Somos las costumbres de nuestra familia y las
libertades de nuestra rebeldía, somos simplemente personas que tienen un
camino, lo sepamos o no.
Y hay ocasiones en las que
nos damos cuenta de eso, y en las que lo olvidamos por completo. Lastimamos y
nos lastiman, amamos y nos aman, tememos y nos temen, pero hay ocasiones en las
que todo es maravilloso. Un simple gesto de calidez, o una simple palabra, quizá
la sonrisa de quien sueña con nosotros o incluso una palmada de nuestros
amigos, somos un conjunto de historias que sobreviven en nuestra mente, en
nuestras acciones, en todo lo que siempre seremos y nadie podrá arrebatarnos. Somos
lo que un día sin temor entregaremos y quizá rompan, pero siempre tendremos una
parte de nuestro propio ser en alguien que un día se topó con nosotros. Quizá el viajero a quien sonreímos o quizá la chica
que llevaba prisa y choco a nuestro cuerpo, siempre habrá un poco de ellos en
nosotros y un poco de nosotros en ellos. Porque a veces, el destino quiere,
simplemente, hacernos un presente.
Nanci R.G