Me preparo para entrar.
Respiro lo más que puedo y contengo el aire. Me lanzo y mantengo los ojos
abiertos todo el tiempo, entro con las manos sujetando la derecha a la
izquierda, los brazos estirados sobre mi cabeza y todo cambia.
El brillante sol ya no se
ve, el calor del ambiente desaparece y una presión me oprime. Todo es hermoso,
los rayos dorados del sol se mezclan con el azul, y el movimiento ondula los
colores mezclándolos en un hermoso y extraño remolino. No siento calor o frío,
no siento presión, no siento tensión. Todo es, pacífico. Pacífico y hermoso, me
siento como si estuviera en el alto cielo, siendo mecida por el viento que roza
toda mi piel, y a cada avance siento como si me desplazara entre nubes.
Todo es tranquilo, y a pesar
de que no puedo sentir el aire, percibo un olor agradable, la mezcla entre agua
y satisfacción. Aquel olor que queda después de la lluvia que azota con
violencia una noche calmada, irrumpiendo en el ensueño que la negrura goza,
aquella lluvia que llega de improviso, avisando ,únicamente, de su presencia
con el sonido lejano de gotas que caen como soldados listos para la batalla.
Gotas que caen llenas de orgullo y dolor, que dejan salir toda su furia y su pesadez
sobre las copas de los árboles que se estremecen al sentir el frío de su vida. Gotas que se estrellan con vigor en la tierra y la vuelven húmeda. Y es así como pasan las gotas y la lluvia,
todo se calma y el viento sopla con una gran húmedad en su interior.
Es ese olor, el que siento.
Puedo sentir el olor del viento húmedo y frío que pasa alrededor de mis
cabellos mojados y mi mirada continua mirando el extraño remolino azul y dorado
que, en ocasiones lanza destellos blancos.
Quiero acercarme a ellos y
sentirlos, lo hago. Me acerco a ellos y llego al fondo del azul, ya no tengo
más aire puro en los pulmones, así que saco todo el aire por la boca y puedo
ver como las gotas ascienden, sin antes haber dejado espacios en el azul que
girar y bailan formando figuras. Me acerco a ellas y las toco con mi mano,
puedo sentir el cosquilleo que dejan al pasar y
una sonrisa se dibuja en mi rostro.
Siento como todo se va
apagando, y es así como quiero que suceda. Con el último olor a viento húmedo después
de una lluvia en una noche fría, con el último cosquilleo de burbujas que rozan
mis manos, y la última visión del dorado fundido con azul soltando destellos
blancos. Cierro los ojos y lo repaso todo, una y otra vez, hasta que por fin
puedo sentir la muerte azul.
Nanci R.G
Zombiie Lunar (Ángel de la luna)
No hay comentarios:
Publicar un comentario