"I believe in the things that I´m afraid to say, ´cause I´ve been where you are before and I´ve felt the pain of losing who you are"

viernes, 20 de septiembre de 2013

Antifaz



Estaba frente al  espejo de cuerpo completo, se observaba de pies a cabeza. Asombrada por como lucía, sonrió. Miro de nuevo al espejo, se vio de pie con un hermoso vestido morado que le llegaba por debajo de las rodillas, los zapatos a juego dejaban relucir pequeñas incrustaciones de diamante que hacían que su tobillo reluciera más blanco.
Su mano derecha se alzó hasta su pecho y toco el pequeño corazón que colgaba de la cadena de plata,  a través del espejo miro la pulsera que rodeaba su muñeca y pensó por un momento en que no importa que tan bien se viera, después de todo pasaría desapercibida como siempre. Tomo el antifaz que estaba en su tocador y se lo coloco en los ojos resaltando su color miel. Su largo cabello lacio quedo aplastado por la liga del antifaz, pero aun así  el negro brilla con una gran intensidad.
Salió de su casa rumbo al baile, deseo por un momento regresar a la habitación cerrar la puerta y tirarse sobre la cama pero no podía hacerlo ya había aceptado la invitación y se decía que era un baile donde todos los jóvenes del pueblo irían, así que tenía que hacerlo.
Caminó a lo largo del estrecho pasillo con piso de roca negra y grandes árboles alrededor. 

Podía ver pequeños destellos blancos y azules en un fondo negro que se escapada por las copas de los árboles. La noche era particularmente fría, y Hannie se alegró de haber tomado ese abrigo blanco que era casi tan largo como el vestido.  Dedico todo el tiempo que hizo de su casa al palacio para sentir todo a su alrededor, escucho el sonido de los grillo que se alternaban con el susurro de los búhos, vio las luces en el cielo que eran de las estrellas, y las que salían desde los matorrales de fresas que eran luciérnagas, sintió como el viento pasaba a su alrededor trayendo el olor de la lluvia que terminaba hacia poco tiempo. Miro fijamente las farolas sostenidas en grandes postes de aluminio negro que iluminaban todo el camino. Todo era perfecto, sin embargo sentía como si algo le faltara, y no podía imaginar que era. Quizá sólo era su falta de amistades. Para cuando se encontró pensando en eso ya había llegado al jardín del palacio, donde a lo lejos se podía ver la gran puerta de madera marrón que se abría para dejar entrar a la multitud de jóvenes que llegaban, todos con grandes vestidos deslumbrantes y trajes negros o de colores oscuros, pero absolutamente todas las personas llevaban antifaces. Claro ese el objetivo, pensó Hannie  mientras cruzaba el jardín hasta llegar a la fuente con el querubín.
Pasó aquella fuente lumínica que coloreaba a los chorros de agua que subían y bajaban de colores muy vivos, pensó que el rojo, el azul y el verde iban muy bien con la noche. Se detuvo en el borde de la puerta y admiro el salón por dentro. Una estancia bastante amplia en todos los sentidos, era casi imposible mirar hasta el otro extremo en primera instancia por la cantidad de jóvenes y en segunda pro lo largo. Dio algunos pasos y se detuvo a mirar el techo, era lo bastante alto como para lazarse y lograr planear, miro el arte que lo cubría. Finos trazos curveados que bordeaban todo, pequeñas pinturas que parecían ángeles en cada esquina, y diferentes trazos en el centro. 

Sin darse cuenta dio un traspié con alguien, bajo la vista y entonces lo miro. Un joven más alto que ella, tenía los ojos verdes cubiertos por un antifaz plateado y traía un sombrero negro con una cinta roja sobre el cabello que le caía alrededor de la cara como las hojas de un sauce llorón, sólo que estas eran más cortas y onduladas. Hannie miro el traje del chico, un pantalón negro liso  con una camisa blanca como la nieve con un moño negro con ligeras líneas rojas sobre el cuello y un saco largo que parecía una gabardina con un par de bolsas bastante disimuladas debajo de sus costillas.
-Discúlpeme, señorita- dijo el atractivo chico con una sonrisa. Hanni tardo un momento en responder.
-No hay por qué disculparse caballero- contesto ella con voz débil. Él le volvió a sonreír.
-Permítame escoltarla esta noche- se detuvo por un momento- o al menos hasta que su pareja llegue, no quiero que vayan a secuestrar a una hermosa señorita.  
Hannie se sintió confusa, ¿Acaso la estaba elogiando? O ¿Se burlaba? No lo sabía, no tenía amigos y mucho menos pretendientes.  Se sintió intimidada y sólo podía pensar en algo…
-No vengo con nadie- le confeso la joven- y a decir verdad no esperaba encontrarme con alguien esta noche.
El joven la miro desconcertado, como si estuviera conmovido e impactado. Así que después de una mirada de ternura seria hablo.
-Me llamo Axel ¿Cuál es su nombre señorita?- ella dudó por un momento, mientras miraba los ojos verdes del joven.
-Hannie-dijo al fin- y puede tutearme Axel-
-Lo mismo  pido Hannie- pronuncio su nombre con una ligera alargación e hizo una pausa y prosiguió- un hermoso nombre Hannie.
Ella sentía una calidez creciendo desde su interior, notaba como le recorría el cuerpo y llegaba hasta las mejillas coloreándoselas de rojo. Sentía el extraño sabor de algo dulce en su boca y sus manos debajo de los guantes blancos comenzaban a sudar.
Axel se acercó  a ella y la tomo de la mano, mientras que la mirada de Hannie se clavaba en las manos cubiertas de guantes blancos del joven. Estuvieron toda la noche juntos platicando de sus vidas. Él le conto que vivía solo desde mucho tiempo atrás cuando sus padres fallecieron de una enfermedad, y que se dedicaba a trabajar. Hannie quiso saber cuál era su trabajo pero el sólo le contesto que trataba de ayudar a las personas, y le pregunto sobre su vida. Hannie se sintió melancólica, tenía bastante tiempo que no hablaba de ella, le dijo que también vivía sola, que sus padres habían sido médicos y que en una ocasión habían sido requeridos en el campo de batalla del reino y habían fallecido, desde entonces ella se dedicaba a hacer vestidos, recolectar y vender los frutos de los árboles que había en su casa y que criaba animales. Y en ocasiones le dolía tanto venderlos porque eran sus únicos amigos. Recordó una vez cuando crio conejos totalmente blancos por un año, y paso todo ese tiempo hablando con ellos, hasta que una familia los compro para un evento que tendrían, y a ella se le rompió el corazón por vender a sus amigos, pero tenía que hacerlo si quería seguir viva, incluso sin saber el motivo por el que seguir viviendo sola, pero entonces sentía un impulso que le decía que tenía que esperar, no sabía qué pero tenía que hacerlo.  En ese momento casi se pone a llorar pero Axel la abrazo llevando su cabeza a su pecho.
Hannie pudo escuchar los latidos del corazón de Axel, y el calor que emanaba su cuerpo y le correspondió el abrazo. Se dio cuenta, entonces, que habían caminado cruzando el salón hasta terminar en el jardín trasero. Se separó lentamente de los brazos de Axel y sus ojos se cruzaron, se miraron por un largo tiempo hasta que ella ruborizada bajo la mirada y echo un vistazo a su alrededor.
Miro los rosales que le daban toques rojos y blancos al extenso pasto verde, y pudo ver un pequeño quiosco con una banca en el. 
-Vamos allá- dijo Axel señalando al quiosco
-Si- le contestó Hannie, mientras  posaba su brazo derecho sobre el izquierdo de Axel. Él puso su mano derecha tocando la mano de ella.
Cuando llegaron al quisco se sentaron en la banca blanca de madera, sus piernas estaban muy juntas, lo suficiente para sentir el calor de los cuerpos. Se miraron fijamente sin decir una sola palabra, pero el corazón de Hannie latía con tanta fuerza que pensó que podría oírse a través de todo el jardín.  Pensaba en que sentiría Axel ¿Sentiría lo mismo? Deseo por un momento abrazarlo de nuevo y escuchar su corazón. Pero el parecía ocupado en otra cosa.
Sujetaba con fuerza la mano de Hannie y  la dejo sobre sus piernas. Ella pensó que quizá no sentía lo mismo, pues dejaba de sujetar sus manos pero noto que él se quitó los guantes y pudo notar el color pálido de su piel y volvió a levantar las manos de Hannie.
Le quito los guantes y ella pudo sentir la suavidad y delicadeza de las manos de Axel, eran cálidas como todo su ser. El junto sus manos y las rodeo con las suyas, las acerco a su pecho y hablo
-Se mi reina- dijo con un tono de voz que parecía ansioso, y tímido.
A Hannie se le detuvo el corazón y un helado relámpago le recorrió el cuerpo ¿Acaso bromeaba? ¿Se burlaba de ella? No lo sabía, ni tampoco sabía decirle así que se aclaró la garganta y se zafó de él.
-No juegues conmigo- dijo con una voz que parecía indignada y enojada y justo antes de que se levantara Axel la detuvo.
-Espera-dijo este con un tono triste y quedo, tomo aire y siguió-  No te vayas, eres tu…
-¿Yo que?- intervino Hannie.
-Quien me ha hecho sentir algo que nunca antes había sentido-hablaba con una seguridad tan grande que Hannie parecía convencida, o al menos esperaba que fuera cierto, pues Axel la había hecho sentirse querida. Axel continuo-  Esta noche contigo ha sido lo más maravilloso que he pasado, eres la única persona que me ha hecho sentir querido… -Se detuvo y Hannie lo miro sorprendida por que justo así que sentía ella.
-Tú me haz hecho sentir lo mismo- le confeso Hannie y Axel alzó la mirada y la vio con sus grandes ojos verdes y esbozo una sonrisa de alegría.
-Se mi reina – dijo el- ¿Aceptas?
Hannie pareció dudar, pero pensaba ¿Cómo puedo ser su reina? Y entonces Axel se quitó el antifaz y Hannie puedo ver de quien se trataba… era Axel el príncipe del reino, cuyos padres muertos le dejaron la corona que sería suya en cuanto se casara  ¿Así que era por eso? Se preguntó Hannie
-Así que sólo quieres la corona- dijo ella con una voz de tristeza Axel se volvió rápido hacia ella que se había levantado mientras pronunciaba aquella frase.
-No es así, me he enamorado de ti- dijo él y tomo la cara de Hannie entre sus manos y ella pudo sentir esa calidez recorrerle el cuerpo y el se inclinó chocando sus frentes con un suave toque y acerco sus labios y la beso.
Ella no supo que hacer que al cabo de un segundo lo estaba besando también, sintió una llama recorrerle el cuerpo alternándose con relámpagos helados que se cruzaban con el dulce sabor de los labios de Axel, era un beso tan suave que Hannie relaciono con las nubes esponjosas de verano. Levanto sus brazos y rodeo el cuello del joven y las manos de él se deslizaron hasta la cintura de Hannie, y separándose un momento él, la miro sin soltarla.
-¿Aceptas?-pregunto
-Acepto-dijo ella sin soltarlo del cuello. Sintió como los fuertes brazos de Axel la jalaban con gran firmeza hacia su boca que tenía una enorme sonrisa blanca, y la volvía  a besar bajo la luz de luna.
Fin

SAku (Nan R.)

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