Estaba frente al espejo de cuerpo completo, se observaba de
pies a cabeza. Asombrada por como lucía, sonrió. Miro de nuevo al espejo, se
vio de pie con un hermoso vestido morado que le llegaba por debajo de las
rodillas, los zapatos a juego dejaban relucir pequeñas incrustaciones de
diamante que hacían que su tobillo reluciera más blanco.
Su mano derecha se alzó
hasta su pecho y toco el pequeño corazón que colgaba de la cadena de
plata, a través del espejo miro la
pulsera que rodeaba su muñeca y pensó por un momento en que no importa que tan
bien se viera, después de todo pasaría desapercibida como siempre. Tomo el
antifaz que estaba en su tocador y se lo coloco en los ojos resaltando su color
miel. Su largo cabello lacio quedo aplastado por la liga del antifaz, pero aun
así el negro brilla con una gran
intensidad.
Salió de su casa rumbo al
baile, deseo por un momento regresar a la habitación cerrar la puerta y tirarse
sobre la cama pero no podía hacerlo ya había aceptado la invitación y se decía
que era un baile donde todos los jóvenes del pueblo irían, así que tenía que
hacerlo.
Caminó a lo largo del
estrecho pasillo con piso de roca negra y grandes árboles alrededor.
Podía ver
pequeños destellos blancos y azules en un fondo negro que se escapada por las
copas de los árboles. La noche era particularmente fría, y Hannie se alegró de
haber tomado ese abrigo blanco que era casi tan largo como el vestido. Dedico todo el tiempo que hizo de su casa al
palacio para sentir todo a su alrededor, escucho el sonido de los grillo que se
alternaban con el susurro de los búhos, vio las luces en el cielo que eran de
las estrellas, y las que salían desde los matorrales de fresas que eran luciérnagas,
sintió como el viento pasaba a su alrededor trayendo el olor de la lluvia que
terminaba hacia poco tiempo. Miro fijamente las farolas sostenidas en grandes
postes de aluminio negro que iluminaban todo el camino. Todo era perfecto, sin
embargo sentía como si algo le faltara, y no podía imaginar que era. Quizá sólo
era su falta de amistades. Para cuando se encontró pensando en eso ya había llegado
al jardín del palacio, donde a lo lejos se podía ver la gran puerta de madera marrón
que se abría para dejar entrar a la multitud de jóvenes que llegaban, todos con
grandes vestidos deslumbrantes y trajes negros o de colores oscuros, pero
absolutamente todas las personas llevaban antifaces. Claro ese el objetivo,
pensó Hannie mientras cruzaba el jardín hasta
llegar a la fuente con el querubín.
Pasó aquella fuente lumínica
que coloreaba a los chorros de agua que subían y bajaban de colores muy vivos, pensó
que el rojo, el azul y el verde iban muy bien con la noche. Se detuvo en el
borde de la puerta y admiro el salón por dentro. Una estancia bastante amplia
en todos los sentidos, era casi imposible mirar hasta el otro extremo en
primera instancia por la cantidad de jóvenes y en segunda pro lo largo. Dio algunos
pasos y se detuvo a mirar el techo, era lo bastante alto como para lazarse y lograr
planear, miro el arte que lo cubría. Finos trazos curveados que bordeaban todo,
pequeñas pinturas que parecían ángeles en cada esquina, y diferentes trazos en
el centro.
Sin darse cuenta dio un traspié
con alguien, bajo la vista y entonces lo miro. Un joven más alto que ella,
tenía los ojos verdes cubiertos por un antifaz plateado y traía un sombrero negro
con una cinta roja sobre el cabello que le caía alrededor de la cara como las
hojas de un sauce llorón, sólo que estas eran más cortas y onduladas. Hannie
miro el traje del chico, un pantalón negro liso
con una camisa blanca como la nieve con un moño negro con ligeras líneas
rojas sobre el cuello y un saco largo que parecía una gabardina con un par de
bolsas bastante disimuladas debajo de sus costillas.
-Discúlpeme, señorita- dijo
el atractivo chico con una sonrisa. Hanni tardo un momento en responder.
-No hay por qué disculparse
caballero- contesto ella con voz débil. Él le volvió a sonreír.
-Permítame escoltarla esta
noche- se detuvo por un momento- o al menos hasta que su pareja llegue, no
quiero que vayan a secuestrar a una hermosa señorita.
Hannie se sintió confusa,
¿Acaso la estaba elogiando? O ¿Se burlaba? No lo sabía, no tenía amigos y mucho
menos pretendientes. Se sintió intimidada
y sólo podía pensar en algo…
-No vengo con nadie- le
confeso la joven- y a decir verdad no esperaba encontrarme con alguien esta
noche.
El joven la miro
desconcertado, como si estuviera conmovido e impactado. Así que después de una
mirada de ternura seria hablo.
-Me llamo Axel ¿Cuál es su
nombre señorita?- ella dudó por un momento, mientras miraba los ojos verdes del
joven.
-Hannie-dijo al fin- y puede
tutearme Axel-
-Lo mismo pido Hannie- pronuncio su nombre con una
ligera alargación e hizo una pausa y prosiguió- un hermoso nombre Hannie.
Ella sentía una calidez
creciendo desde su interior, notaba como le recorría el cuerpo y llegaba hasta
las mejillas coloreándoselas de rojo. Sentía el extraño sabor de algo dulce en
su boca y sus manos debajo de los guantes blancos comenzaban a sudar.
Axel se acercó a ella y la tomo de la mano, mientras que la
mirada de Hannie se clavaba en las manos cubiertas de guantes blancos del
joven. Estuvieron toda la noche juntos platicando de sus vidas. Él le conto que
vivía solo desde mucho tiempo atrás cuando sus padres fallecieron de una
enfermedad, y que se dedicaba a trabajar. Hannie quiso saber cuál era su
trabajo pero el sólo le contesto que trataba de ayudar a las personas, y le
pregunto sobre su vida. Hannie se sintió melancólica, tenía bastante tiempo que
no hablaba de ella, le dijo que también vivía sola, que sus padres habían sido
médicos y que en una ocasión habían sido requeridos en el campo de batalla del
reino y habían fallecido, desde entonces ella se dedicaba a hacer vestidos,
recolectar y vender los frutos de los árboles que había en su casa y que criaba
animales. Y en ocasiones le dolía tanto venderlos porque eran sus únicos amigos.
Recordó una vez cuando crio conejos totalmente blancos por un año, y paso todo
ese tiempo hablando con ellos, hasta que una familia los compro para un evento
que tendrían, y a ella se le rompió el corazón por vender a sus amigos, pero tenía
que hacerlo si quería seguir viva, incluso sin saber el motivo por el que
seguir viviendo sola, pero entonces sentía un impulso que le decía que tenía
que esperar, no sabía qué pero tenía que hacerlo. En ese momento casi se pone a llorar pero Axel
la abrazo llevando su cabeza a su pecho.
Hannie pudo escuchar los
latidos del corazón de Axel, y el calor que emanaba su cuerpo y le correspondió
el abrazo. Se dio cuenta, entonces, que habían caminado cruzando el salón hasta
terminar en el jardín trasero. Se separó lentamente de los brazos de Axel y sus
ojos se cruzaron, se miraron por un largo tiempo hasta que ella ruborizada bajo
la mirada y echo un vistazo a su alrededor.
Miro los rosales que le
daban toques rojos y blancos al extenso pasto verde, y pudo ver un pequeño quiosco
con una banca en el.
-Vamos allá- dijo Axel
señalando al quiosco
-Si- le contestó Hannie,
mientras posaba su brazo derecho sobre
el izquierdo de Axel. Él puso su mano derecha tocando la mano de ella.
Cuando llegaron al quisco se
sentaron en la banca blanca de madera, sus piernas estaban muy juntas, lo
suficiente para sentir el calor de los cuerpos. Se miraron fijamente sin decir una
sola palabra, pero el corazón de Hannie latía con tanta fuerza que pensó que
podría oírse a través de todo el jardín. Pensaba en que sentiría Axel ¿Sentiría lo
mismo? Deseo por un momento abrazarlo de nuevo y escuchar su corazón. Pero el parecía
ocupado en otra cosa.
Sujetaba con fuerza la mano
de Hannie y la dejo sobre sus piernas.
Ella pensó que quizá no sentía lo mismo, pues dejaba de sujetar sus manos pero
noto que él se quitó los guantes y pudo notar el color pálido de su piel y volvió
a levantar las manos de Hannie.
Le quito los guantes y ella
pudo sentir la suavidad y delicadeza de las manos de Axel, eran cálidas como
todo su ser. El junto sus manos y las rodeo con las suyas, las acerco a su
pecho y hablo
-Se mi reina- dijo con un
tono de voz que parecía ansioso, y tímido.
A Hannie se le detuvo el corazón
y un helado relámpago le recorrió el cuerpo ¿Acaso bromeaba? ¿Se burlaba de
ella? No lo sabía, ni tampoco sabía decirle así que se aclaró la garganta y se
zafó de él.
-No juegues conmigo- dijo
con una voz que parecía indignada y enojada y justo antes de que se levantara
Axel la detuvo.
-Espera-dijo este con un
tono triste y quedo, tomo aire y siguió-
No te vayas, eres tu…
-¿Yo que?- intervino Hannie.
-Quien me ha hecho sentir algo
que nunca antes había sentido-hablaba con una seguridad tan grande que Hannie parecía
convencida, o al menos esperaba que fuera cierto, pues Axel la había hecho
sentirse querida. Axel continuo- Esta
noche contigo ha sido lo más maravilloso que he pasado, eres la única persona
que me ha hecho sentir querido… -Se detuvo y Hannie lo miro sorprendida por que
justo así que sentía ella.
-Tú me haz hecho sentir lo
mismo- le confeso Hannie y Axel alzó la mirada y la vio con sus grandes ojos
verdes y esbozo una sonrisa de alegría.
-Se mi reina – dijo el-
¿Aceptas?
Hannie pareció dudar, pero
pensaba ¿Cómo puedo ser su reina? Y entonces Axel se quitó el antifaz y Hannie
puedo ver de quien se trataba… era Axel el príncipe del reino, cuyos padres
muertos le dejaron la corona que sería suya en cuanto se casara ¿Así que era por eso? Se preguntó Hannie
-Así que sólo quieres la
corona- dijo ella con una voz de tristeza Axel se volvió rápido hacia ella que se
había levantado mientras pronunciaba aquella frase.
-No es así, me he enamorado
de ti- dijo él y tomo la cara de Hannie entre sus manos y ella pudo sentir esa
calidez recorrerle el cuerpo y el se inclinó chocando sus frentes con un suave
toque y acerco sus labios y la beso.
Ella no supo que hacer que
al cabo de un segundo lo estaba besando también, sintió una llama recorrerle el
cuerpo alternándose con relámpagos helados que se cruzaban con el dulce sabor
de los labios de Axel, era un beso tan suave que Hannie relaciono con las nubes
esponjosas de verano. Levanto sus brazos y rodeo el cuello del joven y las
manos de él se deslizaron hasta la cintura de Hannie, y separándose un momento
él, la miro sin soltarla.
-¿Aceptas?-pregunto
-Acepto-dijo ella sin
soltarlo del cuello. Sintió como los fuertes brazos de Axel la jalaban con gran
firmeza hacia su boca que tenía una enorme sonrisa blanca, y la volvía a besar bajo la luz de luna.
Fin
SAku (Nan R.)
9.6 (sin comentarios)
ResponderEliminareso es bueno??
ResponderEliminar