Hubo un tiempo, no muy lejano,
cuando todo lo que quería no estaba. No lograba hallar una forma de mantenerme
a flote. Creí muchas veces, innumerables veces, que podía ahogarme, que no
podría salir de aquel charco donde estaba. Un charco, eso era. Un enorme charco
entre el pasado, el presente y el futuro que no iba a ningún lado. Ni atrás ni
adelante, ni al pasado ni al futuro y que no me dejaba vivir el presente. Creía
que si volvía al pasado tal vez sería posible cambiar el futuro, pero lo que no
sabía, o no quería aceptar, era que el pasado no iba a estar ahí en mi presente
y si estaba no iba a ser igual.
Logré comunicarme con los
fantasmas de mi pasado, para mi fortuna me trataron como pensé que lo harían, pero
era una forma que no quería. Logré sanar mis heridas del presente y entonces
comprendí. Comprendí que tenía que liberar mis fantasmas del pasado, que tenía
que sanar mis heridas del presente. Tenía que llorar todo lo que no lloré en su
momento y agradecer lo que tuve y lo que no tuve. Tenía que limpiar mis
lágrimas y mirar hacia arriba, hacia el frente y hacia el futuro.
Hoy estoy aquí, sentada al aire libre. Un día nublado pero hermoso,
porque la vida es hermosa y es más hermosa cuando ya no se tienen cadenas que
arrastrar. Cuando puedes liberarte de todo el peso que llevabas y ser libre. Abrir
las alas y volar con los pájaros en el cielo. Volar a cualquier sitio, volar siguiendo
al corazón.
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