"I believe in the things that I´m afraid to say, ´cause I´ve been where you are before and I´ve felt the pain of losing who you are"

viernes, 26 de abril de 2013

Sin Sentido




Estoy enmedio de lo que parece ser una nueva pesadilla, atormentada por recuerdos dolorosos y susurros tenebrosos.

Luces y sombras, que se alternan tocando lentamente mi piel, provocando una extraña mueca de tristeza. Donde ni el más tenue rayo de luz logra salir, la oscuridad me consume y me devuelve al infierno. Al infierno dentro de mi corazón, donde en un lejano momento hubo algún sentimiento.

Puedo recordar tus palabras llenas de mentiras, rebotan entre las cuatro paredes que hacen mi cárcel, se meten en mis adentros donde sólo puedo escuchar el sonido de un lejano violín, que toca una melodía triste y vacía. Mi boca se llena de sabores conocidos, el sabor de tu saliva, la sensación de tus labios rozando los míos, el dulce néctar del helado de vainilla que comimos juntos, y el doloroso sabor de tus “te amo”.

Mi mirada se pierde en la infinita soledad de ésta cárcel oscura, se fija en ningún punto y se regresa al pasado, donde encuentra los lugares que ahora están llenos de ti, los recorre una vez más y te visualiza, ahí sentado junto a mí, en una banca en medio de un verde parque, donde extrañamente nos miramos felices y estrechamos nuestros ya perdidos sentimientos y sueños.

Mi corazón palpita sueños, que se derraman por las heridas de mi cuerpo y de mi mente, el paso del tiempo me ha dejado cicatrices y ha curado otras, soy la prueba viviente de que las cicatrices se borran y se puede continuar a pesar de que la herida haya sido de lo más dolorosa. Y aunque las heridas sanen, se cicatricen y lleguen a borrarse, siempre quedará una pequeña marca en nuestro subconsciente, que no se borrara tan fácilmente o incluso puede que jamás se borre.

He llegado a un punto en el que mi cuerpo no puede seguir soportando tantas muestras de contradicción, cada vez mis sonrisas maquilladas se desvanecen y mis risas entonadas se desafinan, los nudos en mi garganta se apoderan de mi voz y no me dejan hablar, mis palabras son cortantes y frías y mis muestras de afectos se pierden con el pasar del tiempo.

Ya no hay nadie que pueda sacar la mejor versión de mí, ya no hay nadie capaz de entenderme, ni yo misma puedo hacerlo. En ocasiones me pierdo en el desván de lo olvidado donde no entra ni una pequeña pisca de recuerdo alguno, en el que el vacío llena mi alma y me deja desmoronada.

Regreso después del viaje de la perdición de mis sentidos y encuentro un mundo ajeno a mí,  un mundo en el que no hay un sitio para mí, no hay lugar alguno donde pueda sentirme acompañada, busco el camino de vuelta a mi interior y me pierdo ocasionalmente en sendas varadas en el mar de la locura.

Y en mi locura, busco mi alrededor, percibo los altos sonidos del viento y de las hojas al caer, me dejo maravillar por las sorpresas de la naturaleza, puedo sentir el pasto en mis pies, y notar la brisa  que ha viajado distancias enormes en manos del viento, y que se deja posar sobre mi rostro mientras lo levanto y miro al sol ser oculto por una espesa nube gris que se cansa de tanto caminar y se desploma, dejando caer sus lágrimas en forma de lluvia sobre mi fatigado ser.

Me llena de su depresión y desconsolada busco asilo en brazos de la generosa luna, que posada sobre su lecho negro se niega a ofrecérmelo, la miro con recelo y me retiro, bajando la mirada y perdiéndome las estrellas.

Y cuando menos lo pienso, levanto mi mirada y veo a la luna, que no me abandono en ningún instante y noto las tenues estrellas que me dan ánimo en vano. Odio el ánimo optimista que me brindan, así que cambian su postura y acojen mi depresión.  

Y en algunos chillidos estremecedores, tengo ataques largamente tediosos de cordura, que me niegan los placeres de la vida que se oculta en la sombra de una persona, en sus palabras tartamudas o en el dolor de su alma, que se proyecta a través del apagado brillo de sus ojos.

Los míos se mueven rápidamente tratando de encontrar un punto de escape, que me libere de mi tortura, de mi pena y de mi absurda melancolía. Busco consuelo, en vano, en personas y descubro que no hay nadie aquí, en esta prisión sólo estoy yo, sentada con un violín imaginario que toca suaves notas caídas, que alargan mi sufrimiento hasta la escala de sol, y se elevan para perderse en la oscuridad.

Y termino como todos los días, como cada instante de mi miserable existencia, sola, triste y vacía, sin nadie con quien compartir todos estos sentimientos vacíos que me aquejan.

Quizá en algún lugar, lejos de aquí, fuera de esta terrible prisión haya alguien esperando por mi… ¿Habrá alguien capaz de luchar por sacarme de este vacío sitio?

Saku

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